Sepúlveda aúna historia, arte, gastronomía, naturaleza, cultura inmaterial y cultura viva. Por ello, no es atrevido definirla como una de las salas más bellas del llamado “Museo vivo más grande del mundo”, es decir, de Castilla y León.

Pero, ¿cuál es la verdadera etimología de Sepúlveda? Los autores no se ponen de acuerdo. Su primera mención histórica aparece en la Crónica de Alfonso III como uno de los lugares que fueron despoblados en las correrías de Alfonso I contra los musulmanes. En dicho texto es denominada en la forma latina de Septempublica. Septempublica es una latinización erudita de Sepúlveda y el significado del nombre no es seguro. Estamos, por tanto, ante un singular enigma que convierte a Sepúlveda en un lugar único, cuyo significado está aún por descubrir.


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En muchos aspectos, el paisaje sepulvedano está condicionado por su geología, ya que es el resultado de su composición litológica, sus estructuras tectónicas y el desarrollo de los ríos Duratón y Caslilla. Así, en la villa, es posible admirar una de las formas de relieve más llamativas de esta región: el pliegue de rodilla de Sepúlveda. Su erosión ha originado formas tan singulares como la conocida “Silla del Caballo”, lugar cercano al Puente Talcano. El Duratón, que nace en Somosierra, avanza en su recorrido hasta que se encaja en las calizas de Sepúlveda. A su paso por éstas, erosiona el pliegue en rodilla y continúa su curso de forma paralela al pliegue durante varios kilómetros, encajado en las calizas.

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Sabinas, chopos, praderas de arbustos constituidas por tomillos, espliegos, etc., definen la botánica de la zona.

También la fauna es abundante, tanto por el número de especies como por su copiosidad, aunque lo más llamativo es la facilidad de observarla. Las aves son las más características, siendo el protagonista principal el buitre leonado. Y es que las Hoces del Río Duratón albergan una de las mayores reservas existentes en España de este majestuoso rey de los cielos.


El origen de Sepúlveda se pierde en la noche de los tiempos. Se han encontrado bifaces en la ermita de San Julián, del Paleolítico Inferior, y otros hallazgos en la cueva del Tisuco, en la Ocecilla, como cerámica tosca, cuchillos, hachas pulimentadas y cráneos en el Paleolítico Superior. También en la cueva de los Siete Altares aparecieron cerámicas, hachas, acaso también neolíticas. Y en la cueva del Duratón, huesos, industria del sílex, cerámica… Aparecieron además pinturas, muy rudimentarias y pobres, pero significativas, en las cuevas de Molinilla, La Nogaleda y la Solapa del Águila, sin que se pueda afirmar su carácter mágico, ritual, litúrgico o funerario.

Lo más probable es que sus primeros pobladores fueran los vacceos y arévacos en la Edad del Hierro. Aquellos primeros pobladores vivían de la caza, tan abundante entonces en los montes, y de la pesca que les proporcionaban los ríos Caslilla y Duratón. Sepúlveda, al igual que Ávila, Segovia o Pedraza de la Sierra, es la clásica citania celta.

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Más tarde, Roma también se asentó en Sepúlveda. No se sabe a ciencia cierta dónde vivieron los romanos, algunos afirman que pudo ser en el actual Duratón, después de que los arévacos vivieran en las profundidades de los peñascos que aún existen, llamados Cuevas Lóbregas, Tisuco, Mingomorro y Giriega. Elementos romanos hay en la muralla de la villa, como también lo son los puentes Talcano y Picazos y los restos de la calzada.

Los visigodos llegaron tras los romanos y se asentaron en Castrogoda, una península inmediata a la desembocadura del Caslilla en el Duratón, así como en el cañón del río, en la Cueva de los Siete Altares. De esta época es la Necrópolis excavada en Duratón (Núcleo agregado de Sepúlveda), con 666 sepulturas con ajuares casi totalmente germánicos.

Transcurrieron los años y esta tierra pasó a formar parte de lo que llaman el desierto del Duero.

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Los siglos corren y la invasión hace presa en Sepúlveda. La plaza es tentadora para el invasor. Los árabes se apoderan en poco más de dos años de casi toda la península. La primera mención histórica de la villa de Sepúlveda aparece en la “Crónica de Alfonso III”, como uno de los lugares que fueron despoblados en las correrías de Alfonso I, aunque quedó una población rural en su entorno. Su repoblación por Fernán González, en el año 940, representó un audaz avance hacia el sur, más allá del Duero. El Abad de Arlanza, Fray Gonzalo de Arredondo, nos cuenta su leyenda heroica, con la lucha cuerpo a cuerpo entre el conde de Castilla y el Alcaide moro Abubad, a quien Fernán González cortó la cabeza, la cual está esculpida en la fachada de una de las casas blasonadas de la villa, llamada precisamente “La Casa del Moro”. Almanzor fracasó en su tentativa de ganar la villa el año 979, pero lo consiguió el 984 o el 986, volviendo a recuperarla definitivamente Sancho García, nieto de Fernán González, en el año 1010, esta vez sin lucha, ante la decadencia del califato de Córdoba.

En el siglo XI Sepúlveda se repuebla definitivamente de manos de Alfonso VI. Es entonces cuando la villa aparece constituida ya como una entidad política territorial. Para dar ese carácter político y administrativo, el Rey Alfonso VI confirma el Fuero que sus antepasados, los Condes Fernán González, García Fernández y Sancho García, dieron a Sepúlveda. En el preámbulo del Fuero Latino se establecen los términos que se conceden a la villa y los lugares que bajo la jurisdicción de Sepúlveda se la asignan para que, desde la villa y bajo su tutela, se repueblen.

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Fruto del esplendor de Sepúlveda en la Edad Media es la existencia de 15 iglesias. Sepúlveda, al igual que Sevilla, Toledo, Segovia y tantas ciudades medievales, era un conglomerado de tres ciudades y religiones diversas: la católica, la musulmana y la judía.

En el año 1111, en el Campo de la Espina o Candespina, hoy Fresno de Cantespino, Alfonso I de Aragón y el conde Enrique de Portugal vencieron a la mujer del primero, Dª Urraca. El evento fue trascendente para la independencia portuguesa y, como consecuencia del mismo, Sepúlveda estuvo algún tiempo bajo dominio aragonés.

En el siglo XV ostentaron el señorío de la villa el infante-rey don Alfonso y su hermana, la futura reina Isabel La Católica. La lealtad de Sepúlveda a esta reina fue siempre incondicional. Cuando su hermano Enrique IV entregó Sepúlveda al Marqués de Villena, por dos veces los sepulvedanos impidieron la entrada de don Juan Pacheco y aún del mismo rey en persona. En el año 1468 se expulsa de la villa a los judíos y en 1472 se reconoce la soberanía de los futuros Reyes Católicos.

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Mediado el siglo XVIII, el Rey Carlos III visitó Sepúlveda, regalando un cuadro ecuestre de su hijo Carlos IV a la edad de 17 años.

Durante la Guerra de la Independencia, El Empecinado realizó incursiones por la zona, teniendo sus cuarteles en las cuevas del Cañón del Duratón. También merece destacarse entre los últimos hechos más sobresalientes de la villa la resistencia numantina contra Napoleón en el otoño de 1808.

 

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