La Villa de Sepúlveda

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El próximo 23 de agosto se celebra en Sepúlveda la Fiesta de El Diablillo, una de las tradiciones más emblemáticas de la villa. Actualmente declarada Manifestación Tradicional de Interés Cultural Provincial, cada año reúne a vecinos y visitantes en una noche llena de diversión y leyenda.

            Son las 10 de la noche del 23 de agosto, las luces del barrio de San Bartolomé y la Plaza de España se apagan y por los 26 escalones que conducen a la iglesia de San Bartolomé bajan seis diablillos; estos no van solos, pues van acompañados de sus escoltas para facilitarles el camino, dada la poca visibilidad. Unos diablillos que a su paso van dando suaves escobazos a todo aquel que haya sido mal estudiante.

            Cuenta la leyenda que la noche del 23 al 24 de agosto, el apóstol San Bartolomé liberó al diablo de las cadenas en las que le tenía preso y lo dejó en libertad. En Sepúlveda, este relato ha dado lugar a una celebración que se mantiene viva hasta nuestros días. A las diez de la noche empiezan a bajar los primeros diablillos por las escaleras de la iglesia y sobre las diez y media regresan a la hoguera.

           No se sabe exactamente cuál fue el inicio de este rito. Lo que sí se sabe es que la celebración ha ido experimentando varias transformaciones con el paso del tiempo. El número de diablillos también ha ido cambiando. En sus inicios, este día contaba únicamente con uno. Actualmente, se pueden ver seis descendiendo en parejas hasta la última carrera, en la que bajan todos juntos. El atuendo actual de los diablillos fue renovado en el año 2008 por el artista Manuel Gómez Zía. Se mantuvo el color rojo como color principal del traje, pero tratando de hacer referencia a las llamas de la hoguera que se enciende a las afueras de la iglesia de San Bartolomé. Las principales características de este atuendo son que su diseño holgado y cómodo facilita el movimiento de quienes lo portan.

            En 2018, esta festividad fue declarada como “Manifestación Tradicional de Interés Cultural Provincial” por parte de la Diputación de Segovia. Este reconocimiento contribuye a poner en valor y preservar las tradiciones que forman parte del patrimonio cultural inmaterial de la provincia.

            Sin embargo, la jornada del 23 de agosto ofrece mucho más que el descenso de los diablillos. Por la mañana, un grupo de gigantes y cabezudos se reúnen en la Plaza de España para dar escobazos a todos los niños que se interpongan en su camino. Posteriormente, se realizan una serie de juegos tradicionales para que pequeños y mayores puedan disfrutar de una jornada marcada por la cultura popular y la diversión. Finalmente, tras el descenso de los diablillos, los vecinos se reúnen para terminar la jornada compartiendo una limonada al ritmo que marca la charanga.

            Más allá de la leyenda y del espectáculo que ofrecen los diablillos al pueblo, esta celebración representa una parte esencial de la identidad de Sepúlveda. Cada 23 de agosto vecinos y visitantes se reúnen para mantener viva una tradición única que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia, convirtiéndose en uno de los acontecimientos más esperados del calendario de la villa.

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