Con el mes de septiembre llegan a Sepúlveda sus fiestas patronales: los días 29 y 30 se celebran las fiestas de San Miguel Arcángel y de la Virgen de la Peña, patrona de la Villa y de su Comunidad de Villa y Tierra.

El 29 de septiembre tienen lugar los principales actos en Honor a la patrona: a las 12 del mediodía se celebra una misa solemne en Honor de Nuestra Señora de la Peña con asistencia del Ayuntamiento de la Villa, Ochaveros de la Comunidad de Villa y Tierra de Sepúlveda y otras autoridades. Durante todo el día se dan cita en el campo de la Virgen diversos actos y actuaciones, como la del grupo de Danzas Virgen de la Peña de Sepúlveda o el Parque Infantil gratuito.

Se trata de una celebración religiosa especial por dos razones. La primera, porque, al contrario que en otras celebraciones marianas, en ésta no se saca en procesión la imagen de la Virgen de Peña (salvo en grandes sequías o desastres), sino que son sus devotos los que acuden a verla a su Santuario. La segunda, porque dicho Santuario está situado en un lugar espectacular, a los pies de una de las hoces más impresionantes del río Duratón. Allí se dirigen los devotos de muchos pueblos de la zona para, el día 29, realizar ofrendas a la Virgen.

El día 30, puntuales a su cita, se celebran "Los Remates" de las ofrendas, una subasta de los regalos que los fieles entregan a la Virgen en la que se reparten jarras de vino de la región para animar la generosidad de los asistentes.

Pero los actos para festejar a su patrona se desarrollan en Sepúlveda desde el 19 de septiembre, día en el que comienza el tradicional Novenario con misa. Todos los días, a continuación de la Novena, los sepulvedanos y devotos de la Virgen se reúnen en “El Chiringuito” de la Virgen de la Peña, donde lo típico es tomar los “envueltos” (vino con gaseosa), acompañados por las viandas que cada noche llevan los vecinos. Destacan también el Concurso Infantil de Pintura y la actuación de la Agrupación Musical de Sepúlveda.

La Cofradía de la Virgen de la Peña, situada a unos metros del santuario, se convierte, durante doce días, en el punto de encuentro donde hermanos y visitantes festejan, comparten y degustan el vino, el pan, el queso y los tradicionales bollos sepulvedanos.


 

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