A la iglesia inicial de la Virgen de la Peña, una construcción románica del s. XII, se suman los volúmenes del camarín, la sacristía, el pórtico (que se le añadió en el s. XIII pero también es románico), la galería porticada en el lado de la derecha y la casa del cura a los pies.

La iglesia es de una sola nave que se articula por los soportes de los fajones que la dividen en cuatro tramos con bóveda de cañón. El cuerpo de la nave principal destaca en anchura y en altura respecto a la cabecera. El ábside es casi idéntico al de El Salvador, con columnas adosadas, arcos abocelados en sus vanos y una moldura ajedrezada que recorre todo el hemiciclo. La bóveda es de sillar de medio cañón, con arcos ciegos a uno y otro lado, sobre los que corre la cornisa que sirve de apoyo a la bóveda, sustentada por impostas columnares de triple fuste.

Existen dos puertas de acceso, una a los pies y otra en el muro sur, al que se adosa una galería porticada y un pórtico. El cuerpo del pórtico, de planta rectangular, se estructura a través de tres arcos: uno externo que forma el arco de medio punto de acceso y dos internos laterales apuntados. Todo este espacio está cubierto con una bóveda de crucería.

La torre se levanta junto a la nave. En la sillería encontramos hasta 22 tipos de marcas de canteros.

Al entrar, lo primero que llama la atención es la amplitud de la iglesia y el efecto de recogimiento generado por la penumbra que envuelve el espacio. Es de interés mencionar la existencia de la cripta bajo el presbiterio, que se suma a la abundante presencia de criptas que se dan en Sepúlveda y su entorno, lo que llama la atención teniendo en cuenta que es un elemento muy poco frecuente en las iglesias románicas castellanas.

Las iglesias románicas se caracterizan por la integración de las diferentes artes, dependiendo la escultura y la pintura directamente de la arquitectura. Es la escultura fundamentalmente arquitectónica, distribuyéndose por las diferentes partes del templo: tímpano, arquerías, frisos, capiteles, ábacos, impostas… Junto a la iconografía oficial, promovida por la Iglesia y de carácter religioso, encontramos en los canecillos que sustenta la cornisa al exterior, una iconografía popular que refleja la sociedad del momento. Sin duda, un elemento destacado es la portada del templo, que separa el exterior, profano, del mundo sagrado. En ella es el tímpano una de las joyas de esta iglesia, no sólo por su rareza en el románico segoviano (es el único en Segovia), sino también por su temática y estilo, manifestando evidentes relaciones con el románico aragonés. Ocupa el centro del semicírculo el Cristo Juez apocalíptico, rodeado por una mandorla angular (algo excepcional porque con forma de rombo se conocen pocos ejemplos), flanqueado por el tetramorfos (símbolo de los evangelistas) y seis ángeles adoradores con filacterias. Todo está soportado por el dintel, en cuyo centro y eje con Cristo se coloca el crismón, sujeto por dos ángeles, y, a los lados, lucha contra el dragón y el peso de las almas. Es la concreción plástica de la visión apocalíptica de San Juan.

El camarín, al que se accede por una puerta que forma parte del conjunto del retablo, una de las creaciones más originales del barroco español, surge como un espacio dedicado exclusivamente a la devoción de una imagen.

El retablo mayor, retablo barroco del s. XVIII, es un retablo camarín, creación genuina del arte barroco español. Una artística verja de hierro separa el altar mayor de la nave.

Las dos obras más importantes que se conservan en el interior de esta iglesia son: la imagen de la Virgen de la Peña, patrona de Sepúlveda y su Comunidad de Villa y Tierra, realizada en madera policromada de finales del s. XIII, por ser la más antigua y la más importante devocionalmente, situada en la hornacina central del retablo; y la escultura de Cristo Crucificado, de la primera mitad del s. XIV, ubicado en el retablo de la nave.

Este templo tiene una singularidad más, y es que está situado sobre una de las Hoces del Río Duratón, en un paisaje de singular belleza. En la parte trasera de la iglesia se sitúa un mirador desde donde se puede disfrutar de la vista de las primeras Hoces del Río Duratón.

 

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